El  nieto sentado en el suelo escucha atento, observa como su abuelo abre un enorme libro con ilustraciones de colores… dibujos que parecen moverse para vivir las aventuras que el anciano relata con entusiasmo, mientras, de cuando en cuando, se ajusta los anteojos.

Los cuentos de antaño se convertían en un gran pretexto para estar cerca de los hermanos, de los abuelos, y eran motivo un encuentro furtivo e intenso con el padre, pero sobre todo con la madre, antes de dormir.

¿Por qué no regresar a las palabras mágicas de cada noche: “había una vez”?

En realidad cualquiera que tenga el gusto por hacerlo puede ser un gran cuentacuentos. Las bibliotecónomas, como era mi madre, llevan la vocación a flor de piel, son excelentes relatoras de chistes y cuentos.

Tal vez de ahí heredé la inclinación, que desarrollé cuando apenas tenía 12 años de edad. Cada domingo leía un capítulo de un libro sobre un viaje a África, del autor Julio Estrada. Tan pronto llegaba a la escuela, a todos les contaba la aventura como si yo hubiera estado en la cacería. Entonces me pusieron el sobrenombre de “El Soñador”, pero les encantaban mis historias.

Sobre todos estos temas platiqué con Eunice Gil, coordinador de Alas y Raíces del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Karina Fernández y el escritor Martín Corona.

Hay una parte escénica en cada cuento, el relator tiene que dar cuerpo y vida a todos los personajes, dice Karina Fernández,  bibliotecónoma. Tienes que modular la voz, captar la atención de niños y jóvenes, porque, si a alguno no le gusta, se para y se va.

Ser cuentacuentos es llegar a muchas personas, distinto a los autores que  escriben un libro, imprimen mil ejemplares y muy lentamente van llegando uno a uno a las manos de los lectores, dice el escritor Martín Corona, quien disfruta mucho su vocación de cuentacuentos.

Agrega: los cuentacuentos son como los juglares de antes: llegas a la historia y la vistes con malabares, con títeres,  con música, con todo un mundo por descubrir.

Eunice Gil insiste en que hay una verdadera tradición de cuentacuentos en Puebla, donde están por retomarse experiencias del pasado, cuando llevaron cuentacuentos a los ancianos, las cárceles y los hospitales. Por ejemplo se creó el grupo de Patch Adams y se visitó el área de quemados y enfermos terminales en el Hospital para el Niño Poblano, los médicos comentaron que habían visto en los niños una recuperación más rápida.

Así los cuentacuentos son sustituto de la familia, resultan sanadores, porque en el parque ya no se platica, y el  oficio de compartir historias, literatura para niños,  ayuda a antojarlos con la palabra, lo que redunda en muchas visitas posteriores a la biblioteca, y si la experiencia es con ancianos, vuelven a ser niños otra vez.

Si quieres saber más te invito a escuchar mi emisión radiofónica al respecto. La hallas en: http://goo.gl/5rOR3M (Calva Morales, Salvador (20160203) En qué consiste la labor pedagógica de los cuentacuentos.

sabersinfin.com).

Te va a encantar.

Salvador Calva Morales es rector de la Universidad Mesoamericana.

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